Total visitas

¿Sin fines de lucro? Una incitación hacia el humanismo

Martha C. Nussbaum

Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades

Katz Editores, Bogotá. 2014. 199 págs.


El texto de Nussbaum (1947) revela con datos y cifras concretos un argumento que se impone con cada vez mayor fuerza entre teóricos del desarrollo a nivel transnacional: que no existe evidencia empírica que demuestre con suficiencia que el crecimiento económico incida, por lo menos de manera relevante, en el desarrollo social de los individuos. Aún más: podríamos afirmar que en algunas oportunidades le es contrario. A partir de esta revelación, la profesora Nussbaum se pone en la tarea de recobrar las distancias que tensionan la educación para la renta (aquella para la cual lo verdaderamente importante son los indicadores, el PIB y el éxito personal) de la educación para la democracia, esto es, para el sentido y goce del significado de vivir y estar juntos.


Esta “crisis silenciosa” se nos presenta con laceraciones y víctimas, entre ellas, notablemente, el campo académico y práctico de las humanidades. A las cuales Nussbaum efectúa una disección a partir de dos ejemplos que emplea paradigmáticamente: India y Estados Unidos, los ejemplos más cercanos a su sensibilidad y a su trabajo académico.


Para la autora, “dado que todas las naciones buscan con tanto afán el crecimiento económico, principalmente en este momento de crisis, estamos haciendo muy pocas preguntas sobre el rumbo de la educación y, por ende, el de las sociedades democráticas. Con la urgencia de la rentabilidad en la actualidad del mercado global, corremos el riesgo de perder ciertos valores de importancia enorme para el futuro de la democracia, sobre todo en una época de preocupaciones religiosas y económicas” (p. 25). Sentido a partir del cual se hace necesario fortalecer el ámbito de la humanidades en la educación a todo nivel, so pena de socavar gravemente la democracia de su sentido, orientación y significado, afectada sensiblemente por un déficit evidente en el pensamiento crítico, el análisis lógico, la creatividad y la imaginación como factores de cambio social y de logro individual, como sucede en nuestro país.


Y así, en el mismo contexto, reconocer aptitudes que en Nussbaum resultan definitivas para la construcción de una ciudadanía vigorosa, entre las cuales cabe citar una reflexión sistemática sobre los asuntos públicos en el orden nacional que permitan el debate público de ideas, la aptitud “para reconocer a los otros ciudadanos como personas con los mismos derechos que uno, aunque sean de distinta raza, religión, género u orientación sexual” (p. 48), la competencia para interesarse por la vida de los otros o la posibilidad de emitir un juicio crítico sobre los dirigentes políticos propios o pensar el bien común por encima del bien individual, elementos que para la autora constituyen un boceto sobre el cual enhebrar el sentido de la democracia en las actuales circunstancias.


Tales ideas se complementarían con el enorme potencial que tiene la escuela para la ciudadanía democrática, por ejemplo desarrollando las capacidades de los estudiantes de ver el mundo desde la perspectiva de los otros, esto es, desde el punto de vista de las minorías, de los más débiles, de los diversos, o de la activación del pensamiento crítico y la posibilidad de expresar el disenso sin restricciones y de forma autónoma con base en argumentaciones sólidas y convincentes, práctica que para la autora declina de manera lamentable hacia la educación para el lucro, en la que la capacidad para pensar y argumentar con base en la autorregulación se ve socavada por las pruebas estandarizadas, las metodologías centradas en la transmisión de información o el déficit que presentan la autorreflexión y el autoexamen en el sistema educativo de base industrial.


Para agravar tal realidad, Nussbaum recuerda (apelando a la pedagogía socrática) los serios inconvenientes que trae para la toma de decisiones de las personas la autoridad y la presión de los pares, asuntos tan vinculados a la realidad educativa nacional que lastiman seriamente la posibilidad de opinión crítica, la imaginación, la creatividad y la innovación a favor de la subalternidad, la dependencia y la corrosión del carácter individual. Esto, por cierto, incide negativamente en la configuración de una cultura política centrada en la (co)responsabilidad y el respeto por las ideas ajenas, sustento de cualquier sociedad que se precie de su orientación democrática.


El declive de la educación humanística, para la reflexión de la autora, se podría corregir por vía de la educación socrática, que de Pestalozzi a Dewey ha optado por la interrogación mas que por la afirmación, la curiosidad, la crítica y el respeto por los otros más que por la sumisión y toda forma de dominación humana, tan presente en las sociedades que privilegian la tecnocracia, el autoritarismo y la subordinación de las personas por el capital o el poder.


Para fundamentar aún más su postura reinvindicativa a favor de las humanidades en sociedades contemporáneas, Nussbaum apela a la necesidad de forjar una ciudadanía que rebase los escenarios locales y rompa con las brechas de cualquier naturaleza (de lenguaje, culturales, de nacionalismos), que exceda la geografía y los límites y que reconozca la interdependencia entre las personas estimulando la cooperación global y la comprensión de los procesos de este nuevo orden, con lo que se evitaría dar por sentado de manera acrítica el poderío del mercado sobre los ciudadanos, del capital sobre el ser humano recuperando, por ejemplo, el sentido histórico de los movimientos sociales y los efectos prácticos de los cambios que vivimos con una fugacidad acompasada por las dinámicas informacionales.


Recobrar, entonces, la imaginación, la historia, la creatividad y el pensamiento crítico constituyen para la autora estadounidense elementos clave para el fortalecimiento de la educación democrática a escala global, fomentando “un tipo de formación participativa que active y mejore la capacidad de ver el mundo a través de los ojos de otro ser humano” (p. 132) en la que el cultivo de las emociones, la capacidad estética y su relación con objetos y personas rebase el simplismo de la apreciación estética o la industria cultural masiva, que reduce las audiencias a meras cifras y los sujetos a espectadores pasivos atados a las reglas del mercado a través de mecanismos, por ejemplo, como la educación del cuerpo emotivo más que sus capacidades para el trabajo o el vigor.


Con todo, el llamado a la acción que propone Nussbaum obliga a revisitar los compromisos del humanismo clásico y las apuestas de su nuevo estatuto, que en los albores de este nuevo siglo obliga a establecer barricadas y trincheras que renueven las posibilidades de mejores visiones de futuro para todos, en condiciones de equidad y pluralidad.



Héctor Rolando Chaparro

Profesor Universidad de los Llanos



Villavicencio, vereda Barcelona. 2014.





¿Cuál es tu comentario sobre el artículo?


Puedes enviar tu comentario, llenando la siguiente forma http://www.nadirllanos.com/html/Contactanos.html.

o te puedes registrar en nuestra plataforma moodle, ingresando al sitio original del artículo y enviar tu comentario http://moodle.nadirllanos.com/mod/forum/view.php?id=30".