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CORRUPCIÓN EN LA ADMINISTRACIÓN



Jaime Guarín

Funcionario Universidad de los Llanos


El fenómeno de corrupción es un flagelo que está presente en todo el país, afectando la estabilidad del sistema político y de las instituciones, lesionando la economía y la moral de la sociedad, fenómeno, del que no escapa nuestra Universidad, en el manejo del personal que labora para ella.


No solo hay conductas corruptas relacionadas con el ingreso, la permanencia o el retiro de los empleados, sino que, también, ellos, se desvían del cumplimiento de las funciones naturales del cargo público que desempeñan, para atender intereses privado (parentescos, círculos de amigos etc.), obtener ganancia pecuniaria, posición social o, aún más grave, concibe su trabajo como un negocio, cuyos ingresos, busca maximizar.


Ha sido frecuente, también, hacer prevalecer los intereses familiares en la administración pública; en la Universidad de los Llanos, dicho fenómeno no es ajeno, conformándose la figura del nepotismo, a través del cual se enquistan, en la administración, grupos emparentados (compadres, socios de empresas de papel, docentes con descargas para ejercer cargos directivos, administrativos con cargas académicas, etc.), configurando muy definidas elites administrativas que, en últimas ejercen responsabilidades etéreas, con resultados cuestionables.


Estas conductas, tienen origen en la administración pública, en la negligencia y la debilidad del sistema de planeación y control administrativo, además de la poca independencia de los órganos encargados de la vigilancia y control. No es malo que, los funcionarios de las IAS, que aparecen como empleados o catedrático de la Unillanos, se vinculen, lo desacertado es la forma como lo hacen (Tú me ayudas, yo te ayudo); a tales prácticas se les podría denominar tráfico de influencias, soborno, chantaje, ilegales o no, son costumbre perniciosas, inmorales, por supuesto.


Los perfiles no se definen previamente, atendiendo los direccionamientos estratégicos de la Universidad, sino de acuerdo con las características de la persona que se desea nombrar; la convocatoria no se difunde, amplia y abiertamente, sino que se cumple solamente con el formalismo, evitando atraer un buen número de aspirantes, como lo establecen las normas especializadas sobre el tema, sino que, por el contrario, la idea es atraer el menor número posible; por supuesto que, en esta modalidad, no existe aplicación de pruebas de selección por el merito, el nominador impone el candidato, al amigo, competente o no, es el amigo; por ello, es evidente que hizo carrera encontrar un abanico de funcionarios incompetentes, pero estables. Llos competentes han sido menospreciados, o simplemente, emigraron.


Es claro que estas conductas contradicen los principios rectores de la administración y de la Universidad, pero lo que es mas grave aún, reduce la excelencia de los bienes y servicios prestados por la entidad, estimulando a los usuarios para que ofrezcan prebendas y, a cambio de ello, a los funcionarios, para que se involucren en este tipo de componendas, circunstancia que resulta explicable si se tiene en cuenta que, usualmente, el empleado vinculado a la institución en virtud de relaciones clientelares, difícilmente adquiere un compromiso frente a los objetivos de la entidad y por tanto, frente a la satisfacción de los usuarios, hecho que se torna más grave, cuando, además, carece de preparación o de la idoneidad requerida para el ejercicio de las funciones del empleo.



Adicionalmente, la alta discrecionalidad en las decisiones de los funcionarios públicos, fundamentada en una cadena de actividades administrativas que terminan dispersando la responsabilidad de los mismos, hace difícil el establecimiento de correctivos sobre las acciones corruptas y obstaculizan, así, la imposición de sanciones justas y oportunas, que eviten que el presupuesto, cualquiera que sea, se continúe dilapidando, fortaleciendo intereses de la elite administrativa, experta en ejercer un estilo clientelista e improductivo voraz, enquistado en el primer y mas importante centro de Educación Superior de nuestra región, impidiendo cumplir el compromiso de formar integralmente ciudadanos profesionales y científicos, con sensibilidad y aprecio… competentes y comprometidos en la solución de los problemas.

Para finalizar, y por supuesto de acuerdo con lo planteado por Gallón Gómez (2000: 6) … “la burocracia clientelista, entendida ésta por la sistemática sustitución de empleados públicos elegidos meritocraticamente por otros escogidos clientelarmente, como el elemento que degeneró los principios de las burocracias estructuradas, permite una tolerancia que puede justificar la perpetuación de los funcionarios públicos (probablemente corruptos ) en sus cargos y contribuye a la profundización de una burocracia desorganizada, que por obvias razones, propicia la corrupción” situación que tiende a fortalecerse, debido a la baja sanción moral.



“Lo escaso no es el presupuesto de la Universidad, lo ridículo ha sido la moral en la inversión”





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