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LOS PROFESORES Y EL INSTINTO GREGARIO

A propósito de la próxima elección de Rector o Rectora



Los seres humanos como seres biológicos de comportamiento gregario reaccionamos frente a situaciones en las cuales vemos amenazados nuestra condición de grupo. Dichas reacciones pueden ser de índole positivo o negativo. Por ejemplo, la xenofobia no es otra cosa que una reacción colectiva exacerbada cuando se siente que un grupo extraño pone en riesgo la seguridad –económica, social, cultural- en la que vivimos. Igualmente, el instinto gregario, es lo que nos permite identificarnos como colectivo y reaccionar frente a amenazas veladas.


Eso fue lo que sucedió por ejemplo, en el último movimiento profesoral en el cual reaccionamos fuertemente frente a las intenciones de la Rectoría de prolongar su periodo frente a la administración. Y el propósito se cumplió. La iniciativa se retiró y nosotros volvimos a nuestra zona de comodidad. Sin embargo, no hay que olvidar que lo gregario es un instinto y en consecuencia, está codificado en lo más profundo de nuestro comportamiento y es disparado por asuntos coyunturales. Superar este instinto, obliga a dejar de lado prejuicios y hacer análisis reposados que generalmente exigen otro nivel de estructuración y eso es por supuesto, lo que queda en evidencia en un estamento como el de los profesores –obligado a hacer dobles lecturas- cuando se observan nuestras escasas acciones colectivas.


Que últimamente reaccionamos solo frente a coyunturas es algo que no podemos negar. Que últimamente, nuestros movimientos sean exclusivamente reactivos no es necesariamente malo. Es de hecho, lo que nos ha mantenido vivos y relativamente cohesionados como estamento frente a la pérdida de la cultura de convocarnos y reunirnos para deliberar en un sano y rico debate de ideas, como debería ser. Así que ser reactivos dentro del estamento es necesario para la supervivencia –como lo ha sido para la evolución humana- pero a eso hay que agregarle argumentos. No en balde, constituimos un grupo con una excelsa formación académica; preparados para realizar análisis estructurales de nuestra realidad.


La pregunta en realidad es: cómo empezar a fomentar la cultura del análisis de nuevo, cómo rescatar la tradición de escribir como medio ideal para debatir, cómo superar los rentables escenarios calenturientos de la reactividad para adentrarnos en la necesaria labor de re-construir el estamento en un entorno académico para que responda a los gigantescos retos que nos esperan en los próximos cinco años. Y es que el panorama no es fácil. No son solo los embates de los sectores políticos tradicionales que se han apoderado de la Universidad con su lógica y dinámica clientelista que subyuga a un enorme sector institucional sino esta pérdida de ánimos para asumir semejantes desafíos (acreditación institucional) con una carga de responsabilidades académicas que retrasa el paso al cual se puede avanzar cuando la sinergia con los otros estamentos, es prácticamente imposible puesto que esos están en la misma situación (estudiantes, egresados, trabajadores).


Y quiero poner un ejemplo de lo que se avecina para empezar mi carrera de prestidigitador y dar un insumo para la lectura de la situación. La Profesora Islena Pérez de Parrado, actual representante del estamento al Consejo Superior Universitario, ha decidido aspirar a la Rectoría. No voy a desgastarme haciendo un análisis sobre si su aspiración es legítima o no. Simplemente dentro del marco legal, que es por lo visto lo único que cuenta, la Universidad decidió –basada en una sentencia del Consejo de Estado- que está habilitada. Su decisión, genera de hecho un lío. Aparentemente, la nuez del asunto se encuentra en la pérdida del voto del estamento para la elección.


Y supongo que frente a eso saldrán discursos apasionados para exigir la renuncia de la Profesora Pérez de Parrado para no marginarnos del proceso. Sin embargo, yo me atrevo a afirmar que ese tampoco es en realidad el problema. El asunto está en que si tuviéramos un representante habilitado para votar en el proceso de selección del Rector, cómo direccionaríamos su voto como estamento. Porque ya veo todo tipo de intereses en juego para captar ese voto. ¿A quién elegir? y vuelvo a insistir, si fuéramos realmente un estamento cohesionado y estructurado ya hubiéramos resuelto esta coyuntura con entereza y evitaríamos tantas calenturas. No es solo votar, es cómo y por quien debe votar el estamento. Podríamos estar ad portas de revivir una consulta estamental interna.


Siempre he afirmado que no debería importarnos quien ocupe la Rectoría. Lo que debería movernos en realidad sería constituirnos en el muro de contención para frenar las embestidas ilegítimas de los sectores externos que nos ven y usan como botín clientelista y a partir de allí, realizar los procesos de control y regulación de las acciones de las administraciones de turno. En otras palabras, después de dar la bienvenida a quien ocupe el cargo, acto seguido, presentar el decálogo de acciones que esperamos se lleven a cabo para que la Universidad salga avante.


Propongo la construcción de dicho decálogo y discutir los tantos otros puntos críticos en este momento pensando realmente en la misión y la búsqueda de excelencia de la universidad pública orinoquense olvidando las afugias electoreras y concentrándonos en lo realmente importante en el escenario de la educación pública superior.



Fraternalmente,


Jorge Pachón García.

Profesor Asistente

Universidad de los Llanos





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